PORTAL 777



VIAJE INTERIOR HACIA EL EMPODERAMIENTO


¿Dirigentes de nuestra vida o dirigidos? ¿Responsables o dependientes? ¿Libres o apegados? ¿Egoicos o Logoicos?
Comenzamos con estas preguntas claras y concisas, ya que por sí mismas contienen la respuesta. El Viaje Interior hacia el Empoderamiento es la dirección clara que nos conduce hasta el YO ESENCIAL. Dejamos de ser piezas de un puzle movido por los hilos del falso poder y pasamos a ser la pieza completada y colocada en su lugar, con consciencia de que también somos el puzle. Es decir, ahora tenemos la capacidad para reconocer esa pieza que somos dentro de un TODO y también podemos identificarnos con ese TODO del que formamos parte vital, como seres únicos e irrepetibles.

El Portal de Hoy, nos muestra la entrada al nuevo Paradigma Social. En este Paradigma, el Empoderamiento del individuo como tal, es esencial. ¿Cómo definir empoderamiento…? Empoderarse es tomar el Poder. Es saber quién eres. Qué has venido a hacer. Qué lugar ocupas en el puzle. Empoderarse es regresar al hogar completo de quién eres. Es recuperar a tu familia original, a tu Ser, es recuperar tu verdad. Empoderarse es, en definitiva, SER y sólo siendo, podemos HACER y PENSAR en coherencia con quienes SOMOS.

A lo largo de nuestro caminar sobre la línea de tiempo como alma, hemos vivido de todo. Hemos sido el que mueve los hilos, el que se somete y el que corrige dicho exceso o defecto de poder, buscando el equilibrio del SER.
En esta meditación, trataremos de transformar definitivamente el supuesto origen del conflicto de poder de nuestro tiempo, que se inició en la Antigua Roma, donde se definieron las normas y leyes de un Sistema del que todavía, a fecha de Hoy, somos esclavos. Desde entonces hasta ahora, ha pasado mucho respecto al camino evolutivo individual, en cambio no tanto para el inconsciente colectivo planetario, que sigue sin identificar su individualidad y se mueve a través de la inercia del colectivo. Afortunadamente, somos muchos los individuos que nos hemos despertado a una verdad superior y entre todos hemos formado una perfecta alianza de verdadero poder, que ha conseguido dar equilibrio a ese inconsciente colectivo y HOY podemos asegurar, que ha tomado las riendas del PODER, con el objetivo de convertirse en los intermediarios entre el Cielo y la Tierra. Son tiempos de que las fuerzas celestiales encarnen en nuestro planeta, de que la sabiduría chrística penetre en cada uno de nosotros y de que el falso poder caiga con la misma fuerza con la que fue creado. Es tiempo de dar un giro vital.

Comenzamos…

Conectados con nuestra fuerza vital, unimos nuestro corazón con el corazón del planeta y sentimos esa comunión como un lazo indestructible. Gaia se siente alegre y nos entrega toda su fuerza para llevar a cabo este trabajo, pues ella ha sido testigo directo de todo nuestro paso por la tierra. Le pedimos que nos acompañe en este viaje que realizaremos a los largo de la línea de tiempo y siendo uno y dos a la vez nos sumergimos en la magia de los mundos intangibles, con respeto y gratitud.

(pausa)

En un espejo que guardo en la cueva de mi Alma, me observo con detenimiento. He decidido mirarme de frente, como nunca antes lo había hecho. El espejo vibra, llamando mi atención. Me acerco con la sencillez de mi intención y con una clara idea… sea lo que sea que no deba acompañarme, tengo que identificarlo. Me reflejo entre destellos lumínicos que no me dejan ver nítida mi imagen. Ondulaciones extrañas, provocan que no se defina mi Alma.
Fijo la intención y fijo la mirada, por fin la imagen es nítida y clara. Soy Yo.

(pausa)

Puedo ver una parte de mí, es anciana, siquiera tiene nombre, es una parte que tiene que transformarse si quiere volver a vivir. Me conecto con esa parte, con la que se aleja de lo que mi Gran Alma quiere vivir. Sin esta parte no puedo ir más allá de lo que ya conozco de mí. Es necesario que acepte todo lo que contengo. Así decido conectarme con este residual que llevo conmigo y que siempre sufre por miedo. Al hacerlo, siento asco de todo, de quien soy, de quien fui y de quien pudiera llegar a ser. Las circunstancias han vuelto a superarme y la vida, sin siquiera apiadarse, me vuelve a llevar a un lugar en el que no quiero estar.
El caos me envuelve. Me sujeta fuerte. Me sacude. Me invierte. Me abandona a mi suerte. Siento como se zarandea todo, absolutamente todo lo que habita en mí- es ese sistema de valores, de creencias, de posiciones… los dogmas, los arquetipos, todo, absolutamente todo, se resquebraja y comienza a caer. Nada se sustenta ya en nada, todo perece. Me fijo, parece que yace inerte, sin base. Sin nada que le continúe alimentando.
Lo estoy comprendiendo… los pilares en los que mi Alma se fundamentó, están agrietándose. Escucho el ruido que me certifica que las bases se están rompiendo a gran velocidad. Voy a caer. Vamos a caer. Me detengo… escucho… parece un terremoto interior… lo tengo claro… todo dentro de mí se está destruyendo…
Nada es ya lo que parece. Nada es tal cual siempre fue. No me resisto. Me abandono aún más si cabe al proceso que ha comenzado dentro de mí. Dejo que el terremoto sacuda todo mi Ser. No existe ninguna resistencia en mi Alma. Me entrego. Gaia también.
Permanezco y siento mi mundo interior caer a pedazos…

(pausa)

De repente, algo sucede, me veo transportado en el tiempo. Una fuerza me catapulta hacia algo que me sucedió en el pasado. Siento vértigo de lo que ello supone. No me resisto. Fluyo en la dirección de la fuerza. Siento su poder y como me envuelve de todo aquello que Hoy es necesario resolver.
Algo me dice que es necesario conectar con el origen de todo. Un episodio transcurre ante mis ojos.
Siento como una parte de mí, comienza a identificar lo que ocurre.

Escucho gritos en la calle. Alguien me empuja mientras me dice: “Vigila Estúpido”. Doy un traspiés y me subo a la acera. En ese instante se cruza un carro tirado por dos veloces caballos, que no tienen intención de detenerse, obedecen órdenes de un conductor que le importar poco quien se cruza en su camino. Estoy convencido de que me hubiera arrollado, sino me aparto. Siento gratitud por la persona que me ha avisado.
Reviso mi entorno, por vez primera me doy cuenta que he sido catapultado a otro espacio y otro tiempo. Mujeres, hombres, mendigos, ricos, niños y adolescentes, se cruzan ante mis ojos.
Advierto como unos mercaderes, están discutiendo en el mismo centro de la plaza donde me encuentro. Me quedo absorto con la discusión, al tiempo que me acerco. Parece que están a poco de agredirse. Siento que tengo que impedirlo. Uno de ellos amenaza al otro con una arma. La gente mira y no hace nada. Se arremolinan ante la escena. No me lo puedo creer… soy testigo de cómo la ira se apodera de uno de los individuos, parece que está dispuesto a  arrebatarle la vida. Nadie llama a la policía. Nadie hace nada. Nadie interviene para detener ese impulso. El agredido se asusta y no reacciona ante aquella amenaza.
De repente, otro mercader se alía con el agresor y le insta a matarlo:
-     Vamos… No te detengas… Hazlo… No puede especular con los precios de ese modo… Siempre acaba sacando más mercancía que el resto. No tiene escrúpulos – grita.
-     El precio de mis productos es justo, el vuestro no – intenta explicarse el mercader acorralado balbuceando de miedo ante sus energúmenos compañeros.
El agresor sigue amenazando. El cuchillo flota en el aire, empuñado y listo para ser asestado en el pecho de quien cree su contrincante.
No me lo pienso más. No dudo. Doy un salto. Me lanzo sobre el agresor y de un empujón, consigo apartarlo, en el preciso instante en el que su brazo ya dirigía con la fuerza suficiente, su clara intención de dar muerte.
Lo que ocurre luego, es imposible de describir. Siento el instinto de la lucha en mí. Siento que soy el observador. Siento que soy el agresor, pero también siento que soy el agredido. Soy todos ellos y no soy ninguno. Me pregunto: - ¿Pero entonces quien soy…?
Permanezco y siento que la respuesta la guardo en un lugar remoto de mi Corazón. Gaia sonríe a mi lado… detiene el tiempo. Nos sumergimos en el espacio y allí, con la mirada del Alma, nos comunicamos.

(pausa)

En ese espacio en el que me encuentro acompañado de Gaia, pongo orden a mis emociones. Nada es lo que parece. Entonces… Gaia me susurra al oído:
-     Todas tus estructuras se han derrumbado. No eres el mismo, por eso puedes vivir en el cuerpo del agresor, del agredido y del observador. Dime… ¿qué crees que precisa el agresor…?
-     La Conciencia de la Ley – le digo a la vez que asiento - . Precisa conocer la consecuencia de sus actos y de cómo estos si no los diriges bien, te mandan al pozo de tu propia oscuridad.
-     Es muy cierto… ¿Y cómo crees que sabes eso…?
-     Sólo lo puedo saber por haber sido agresor también…
Gaia nos vuelve a sonreír y sigue preguntando:
-     ¿Y qué crees que precisa el agredido…?
-     El agredido precisa sentir su poder en sí, que nada ni nadie es más poderoso que él. Que no es la víctima del agresor, sino de su falta de posición. Cuando ocupe su sitio, desaparecerá el agresor. Lo sé porque yo también fui víctima de mi inseguridad interior.
-     Y por último ¿qué crees que precisa el observador…? – me pregunta la bella entidad planetaria, que no deja de sonreír.
-     El observador sólo precisa saber que es amor, que es experiencia, que es perdón, que es el maestro de esa trinidad que habita en sí. Sólo necesita mostrar la coherencia de su profundo sentir. Nada más.
De nuevo el tiempo comienza a correr. La escena sigue su ritmo pero no su desenlace. Cuando el Yo del Observador interviene, la obra se reescribe, pero para que eso suceda, el Yo del agresor tiene que perder su poder. Y el Yo del agredido tiene que posicionarse en su sitio. Sólo entonces ninguno y los tres, caminarán a la vez, siendo UNO.
Gaia, vuelve a sonreír, lo hemos comprendido. Quiere que esa transformación interior, la llevemos a todos los planos y dimensiones, pues sólo así, lo invisible puede hacerse visible.
Sentimos la consciencia palpitando eterna en nuestro corazón.

(pausa)

Siento el UNO en mi Corazón y como al sentirlo, Gaia parece iluminarse. Me abraza y me dice que ahora su Sol, es también mi Sol. Sonreímos, al tiempo que caminamos unidos por un Prado de verdes exquisitos. Flores, mariposas, gorriones, arbustos llenos de frutos, árboles caducos, cascadas de dulces aguas, se cruzan a nuestro paso. Los aromas no pertenecen al mundo que hasta ahora conocíamos, son especiales, son intensos, son dulces mensajeros, que nos despiertan recuerdos que nuestra Gran Alma guardaba muy adentro.
Alcanzamos un inmensa explanada. Allí encontramos a nuestros compañeros de viaje, de todas las dimensiones y tiempos. Holmish, elementales, tótems, animales, ángeles, guías, maestros, millares de seres humanos, que como nosotros han alcanzado a llegar hasta este enclave precioso.
Nos abrazamos con todos. Sentimos a nuestra familia espiritual, como nos recibe y nos recuerda lo mucho que nos hemos encontrado a faltar. Nadie está perdido. Todos sabemos que nuestro Hogar está apunto de desvelarse. Sentimos alegría en nuestros corazones. Bailamos unos con otros. Dejamos que la brisa comparta con nosotros, esa sintonía que nos abraza a todos.

(pausa)

Una increíble Puerta se abre ante nuestros ojos. Estamos desnudos. Libres de Todo. El pasado quedó en nosotros, volcado como un precioso diamante experiencial. La Puerta no precisa de llave, sólo de verdadera intención para cruzar. Uno a uno caminamos hacia el umbral. Estamos seguros de lo que vamos a hacer. Sentimos un gran amor por todo.
Es nuestro turno. La luz lo cubre Todo, hasta tal punto que sólo podemos ver con los ojos del Corazón. Caminamos, cruzando la Puerta hasta el otro lado. Permanecemos en absoluto silencio, permitiéndole al Alma llenarse de gozo. Estamos ante Dios porque ahora Dios está en nosotros.

(pausa)

Cuando volvemos a recuperar la consciencia de nosotros como un Todo, advertimos que Gaia es muy diferente a como estábamos acostumbrados. Su luz es otra, su vibración contiene música, su Gran Alma lleva un vestido muy diferente. No existen en ella nodos, ni fronteras que definan culturas, razas, civilizaciones, etc.. Todo es UNO y como Uno, se convierte en el Sagrado Hogar de Todos.
Sigo caminando a su lado. Nos acercamos a un lugar precioso, desde donde puede observarse el cosmos. Tomamos asiento uno junto al otro. Contemplamos el Cielo. Sentimos bajo nuestro pies la Tierra que pisamos.
-     Sabes… - me dice Gaia – estamos bajo el mismo Cielo que nos amparó en toda la Línea de Tiempo, en la que hemos tomado madurez. ¿Lo ves…? Es precioso.
-     Si, lo puedo ver. Sabes… - le digo – estamos sobre la misma Tierra que nos amparó desde el primer día que comenzamos a tomar experiencia en este planeta. ¿La sientes…? Es mágica. Eres tú.
Nos reímos ante la seguridad de que ese Cielo y esa Tierra ya no tienen nada que los separe. Ahora como vehículo intermedio entre ambos, sabemos que el Cielo está presente en la Tierra. Podemos sentir la magia y la madurez gobernar como unidad, construyendo una nuevo paradigma en el que continuar.

(pausa)

Lentamente, abrazados a nuestro nuevo y cálido Hogar, recuperamos la consciencia de esta dimensión material y nos quedamos en silencio, acompañados por la paz y por la música.